¿Qué se cuenta en un Foro de Comunicación Enoturística?

Feb 18, 14 ¿Qué se cuenta en un Foro de Comunicación Enoturística?

Publicado por en Destacado, La Rioja, Miscelánea

(+15 rating, 3 votes)Cargando... ¿Qué me gusta más, beber vino o viajar? Beber no está del todo bien considerado, así que, aunque nunca como entre bebidas, mentiré y diré que prefiero hacer turismo. Aunque recuerdo un viaje a México haciendo la conga en la cubierta de un barco y bebiendo txupitos de tequila rosado… Qué narices, me gusta más libar buen vino. Y, ya, la releche es poder conocer nuevos lugares al tiempo que descubres caldos, visitas bodegas y jamas como un señor. Eso es posible hacerlo en Rioja Alavesa, un territorio entregado al cultivo de la uva. Por eso no es de extrañar que Laguardia, una de sus principales poblaciones y, por otra parte, el pueblo más bonito de Álava, acoja un interesante encuentro de enoturismo. El Centro Temático del Vino Villa Lucía, de dicha localidad, acogió, los días 14 y 15 de noviembre (ejem, si, han leído bien), la tercera edición del referido III Foro de Comunicación Enoturística, e hicimos un poder para acudir al mismo. El día 14 madrugamos más de lo deseado, arrancamos el motor, cargamos un puñado de discos de Quique González y nos dirigimos allí. Siempre recordaré, por su espectacular belleza, el ramo final del recorrido, entre viñedos teñidos de colores vivos, cubiertos de hojas granates, anaranjadas, verdes y amarillas, un cromatismo fascinante que pronto fue barrido por vientos y heladas. Una imagen grabada en la memoria, un recuerdo imborrable, una estampa más que recomendable, necesaria. Al llegar, me acredité, me reconfortó la sonrisa de la chica de información al pronunciar (yo) Lo Que Coma Don Manuel, y escuché a los políticos de rigor referirse a las bondades de Rioja Alavesa y de la gastronomía vasca. Los minutos de la basura, en jerga deportiva. Pronto fueron periodistas, blogueros, técnicos de la Administración, abogados y más políticos los que ocuparon el escenario. Rompió el hielo Pau Morata (director adjunto de la revista Incentives&Meetings), quien recordó los tiempos en los que se ganaba un dinero como vendimiador y señaló, alborozado,...

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Guria Bistrot (Bilbao). Me río de los cupones de descuento (ja)

¿Piensas en bacalao y se te hace la boca agua (vaya sed, ¿eh?), pero te da pereza elaborarlo tú mismo? Entonces hazte con este vale y conseguirás un riquísimo plan en plena Gran Vía de Bilbao… ¡A un precio increíble! Por sólo 24,50€ (más IVA, no te ilusiones) disfruta de un formidable menú, con cuatro platos, postre, pan y bodega, en uno de los mejores restaurantes de la capital vizcaína. Esto es, de la Vía Láctea. Saborea el legendario bacalao de Genaro Pildain, a cuatro pasos del Museo de Bellas Artes, del Palacio Euskalduna, la Casa de Misericordia y la catedral (San Mamés). ¡Date un gustazo, caray! Tus mejores planes, con Manuelplan. ¡Ja! Tenemos el día chistoso, sí. Y nos ha dado por hacer esa entradilla para reseñar que, para comer bien en un lugar de campanillas no hace falta empeñar un riñón ni comprar uno de esos cupones de descuento que, en ocasiones, no son más que burdos engaños y, para más inri, suelen languidecer, a punto de caducar en nuestros bolsillos. ¿Por qué someterse a una oferta contrarreloj, con la que el paso del tiempo es contemplado como la hoja de una guillotina? Más cuando el restaurante está a 100 kilómetros de tu casa y para disfrutarla (la oferta) has que hacer verdadero encaje de bolillos para cuadrar agendas, fingir bajas laborales o encajar los niños a la suegra o a la hermana enrollada. Abran los ojos: sin ir más lejos, en Bizkaia hay suficientes ofertas para disfrutar de esas condiciones que acostumbran a anunciar, de modo falsario, como excepcionales. Otro claro ejemplo, como el Menú Astearte del Castillo de Arteaga, ya reseñado, es el citado Guria. En ese restaurante donde cada plato de la carta ya cuesta, en la mayoría de los casos, más de 25€ +IVA, existe también la posibilidad de comer por ese precio. Y de comer bien. Basta contentarse con hacerlo en el llamado Guria Bistrot, un espacio habilitado junto a la barra, pero separado de la misma...

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Asador El Abra (Portugalete). Competentes menús especiales

Uno de mis bares favoritos de Portugalete es El Abra, cercano al Puente Colgante. Ahí tomo tinto o blanco, a veces te convidan a caldito rico, y no suelo resistir la tentación de probar alguna de sus banderillas. Me siento en un taburete junto a la barra y me siento sereno. Sobre su cocina los dueños presumen de elaboración casera y tradicional y destacan los pescados. Varias veces he comido en su comedor menús cerrados y siempre he salido contento. Debuté con La Txurri el 16 de abril de 2005 (de la fecha se acuerda ella), con un menú de fin de semana muy competente al que de mi memoria borraría la escandalera, el ruido de fondo de los comensales que llenaban el refectorio. Repetí en las bodas de oro de los Zabalo, unos tíos de La Txurri (quien recuerda la fecha también: 29 de diciembre de 2009) con otro menú concertado suculento y satisfaciente, desde el jamón al solomillo, supongo. Y un día compré un cupón de descuento de Colectivia, una oferta verosímil pues ya conocía el local. Prometía una rebaja del 51 %, desde 40 aurelios hasta sólo 19,5 para cinco platos, bodega incluida. Compré sólo dos cupones, pero debería haber pillado más. Los consumí con mi amiga La Reina, a pesar del peligro de atragantarte por la risa si vas a comer con ella. Mi único temor era que las raciones fueran demasiado escuetas, pero no se cumplió. Nos trataron con deferencia y sin excesos de confianza, nos cambiaron los cubiertos en cada plato como el rigor manda, y antes de empezar aclaramos el paladar con agua y catamos el vino, de Laguardia, Rioja Alavesa, pueblo donde me iría a vivir ahora. El caldo era marca Marqués de Navarrete, cosecha 2008, y le encantó a mi acompañante: a La Reina el aroma le recordó a brandy, y a mentolado también; a mí el aroma a cuero y su sabor a cacao. Y esto degustamos: Surtido de ibéricos: Un platito aromático en la...

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Restaurante Las Cigüeñas (Haro). 49 escalones

Suelo parar por Haro. De camino a Laguardia, mi pueblo vasco favorito, o de regreso a mi casa desde Laguardia. Compro en los supermercados harenses y en sus vinotecas (La Monumental, junto a la plaza de toros, es mi predilecta y cargamos el maletero del carro con cajas de botellas), bebo vinos y como pinchos en sus bares, sorbo café en la terraza del Café Suizo de la Plaza de la Paz y gin-tonics en el interior del pub marino Nelson, también atracado en la plaza. He ido tres veces a comer el menú del día de 12 euros a Las Cigüeñas, local sito en la misma plaza y al que se accede tras subir 49 escalones. Bueno, en realidad he ido cuatro veces, pero una nos marchamos hartos de esperar la cola: era la fiesta autonómica del País Vasco, entresemana, y los ciudadanos se escaparon en masa a La Rioja vecina, para comprar en Mercadona, comer barato y bien, respirar… ¿No era Euskadi donde mejor se vive? ¡Ja! El caso es que he perdido las notas de mis primeras incursiones, pero recuerdo que en Las Cigüeñas hemos comido pimientos del piquillo con anchoas, ensaladilla potente, chipirones y carnes, paellas que acercan al hartazgo, tarta helada regada de güisqui… A vuela pluma os contaré nuestra última visita, con otra vez el comedor bastante poblado: había oficinistas de esa zona rural, turistas de paso, parejas de ancianos satisfechos y seguramente habituales. Hum… si no le pides peras al olmo, Las Cigüeñas nunca falla. Y el vino que te ponen tampoco: es un buen cosechero. El comedor principal se abre amplio, con paredes de piedra y partes pintadas en rojo, aparadores rústicos, vigas en el techo del que cuelgan lámparas de tulipas, botellas de vinos viejos de adorno y música de fondo. Ah, los baños están a la entrada, y son viejos, poco acogedores y tipo masivos. Nuestro último día en Haro La Txurri bebió agua y yo disfruté con agua y tinto cosechero riojano, marca...

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Por comentar: bar Hiruko (Laguardia), desayunos contundentes y más

No me gusta desayunar fuera de casa. A lo máximo lo disfruto cuando vacaciono en hoteles veraniegos. Mi esposa idealiza el desayuno fuera del hogar y me invita a menudo, pero yo siempre lo rechazo. Otras atractivas mujeres han deseado invitarme al mismo presunto placer mañanero pero… también lo he desestimado. No obstante, empiezo el día con el brillo de la ilusión en los ojos cuando pernocto en Laguardia, el pueblo vasco más bonito (quizá por estar fortificado y en la periferia autonómica), porque sé que desayunaré en el bar Hiruko, inaugurado en junio de 2009, modernamente decorado en piedra, madera y cristal, con entrada flanqueada por dos toneles vinateros (para que la gente fume y más cerca de la plaza principal del bonito pueblo alavés), con lobby adornado con vitrinas con botellas, con varios espacios interiores con mesas, y con barra en ele invertida, o en uve esquinada, o en erre sin rabito, o yo qué sé, pues no soy delineante. En el Hiruko, un bar muy cool con la gruesa puerta de entrada como única abertura al exterior (¡no hay ventanas!), ofrecen raciones (patitas de cordero… hum…), bocatas, pinchos (¡incluso medievales!… o eso aseguran), vinos variados riojanos y ‘buenos gin tonics’, como los anuncian en una pizarra en la calle. Hay también Prensa (no faltan el Marca ni El Correo, cuyo horóscopo siempre me acierta), nítida televisión de plasma (más deporte), buen ambiente (viejos y bebés, campesinos y turistas, parejas y cuadrillas…) y horario de apertura desde el desayuno hasta las copas nocturnas. Cuando disfruto de la fortuna de hallarme en Laguardia me dejo caer mucho por el Hiruko. De hecho a veces me salto la visita del mediodía para que los camareros no me vean tres veces en su mismo turno. Ahí por las tardes suelo beber botellines de Keler y comer pinchos de anchoa y huevos de codorniz (esto ya lo he contado en Don Manuel), si me vence la ansiedad y no puedo evitar la tentación recalo en la...

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Restaurante Tellagorri (Getxo). Pequeños lujos cotidianos

Muy bonito es el restaurante Tellagorri, sito en el cogollito del poteo de Algorta, cerca de los bares y también restoranes Piper’s, Ugartena y Boga, éste último muy influido por el Tellagorri. Ubicado en un antañón caserón de piedra, el Tellagorri ofrece molona y solicitada terracita (atestada en estío, sí), bar bien puesto, servido y provisto (vinos anunciados en una pizarrita, pinchos variados, raciones de anchoas y champiñones, un caldo que un día me resucitó de una resaca mortal, etc.) y comedor subiendo la escalera. Un comedor tan precioso como revelan sin trampa ni cartón las fotos de su cuidada web. Un comedor coqueto con vigas y techo de madera, piedras en la pared, bonitas ventanas, espacios pintados en rojo, agradable mantelería, buena disposición de las mesas, clientela educada que no habla alto y a menudo muy mayor, y ninguna música de fondo, lo cual contribuye a la serenidad general del ambiente. Algunos cocineros recomiendan encarecida y públicamente los pescados del Tellagorri (a menudo en piezas de kilo para dos raciones) y no pocos clientes avalan su chuletón. Los del Tellagorri en su web escriben que hacen cocina tradicional con toques actuales, pero no sé, yo diría que su éxito se halla en el producto, diversos exotismos en los platos y la cuidada elaboración, todo al servicio de un papeo clásico pero puesto al día. Hacía mucho que no íbamos a comer ahí. En Carnaval nos animamos a su menú del día: 14 lereles, IVA incluido, con vino riojano y propuesta culinaria de luengos bautismos en los platos pero hondos sabores. Era miércoles y el comedor se llenó y muchas mesas doblaron su utilidad. Las atendía un chico dicharachero, raudo y cómplice, de afabilidad descarada y echada p’alante, un tipo charlatán y suelto infectado por el síndrome Mario Vaquerizo y que a La Txurri le cayó muy bien. Ese miércoles había cuatro entrantes en el menú: ensalada con lascas de idiazábal, piquillos y vinagreta de nuez y más cosas que ni recuerdo ni apunté...

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Restaurante Amelibia (Laguardia). Extramuros pero imbatible

Hacía más de un año que no visitábamos mi pueblo vasco favorito: Laguardia. Aprovechamos para comer otra vez en el Amelibia, el mejor restaurante de la localidad, ajeno a manadas de turistas, y nos dio tiempo a hacer más cosas: caminamos por sus lagunas, circundamos las murallas por sus paseos detenidos en el tiempo y bajo sus arboles donde saltan las ardillas, oteamos Páganos, la Sierra Cantabria y el reflejo del hotel Marqués de Riscal en Elciego, y callejeando seguimos disfrutando y descubriendo nuevos sitios para tomar algo, caso del Hiruko (desayunos a tres euros con café, zumo natural y pinchos enormes y estupendos como los de tortilla; aperitivos con cerveza Keler y pinchitos de huevo de codorniz y anchoa; meriendas con estupendo vino de año a 60 céntimos para regar pinchos de calabacín relleno o de chorizo criollo…), el Velar (cutre y antañón, pero concurrido, con variedad de pinchos rebozados -mi favorito, el de oreja de cerdo, claro-, bastantes cazuelitas -de caracoles, de patas de cordero, de manos de cerdo…- y algunos tintos competentes), el Mahasti (ya de noche cae algún mojito bien preparado y servido; ah, aquí cuelgan un cuadro del jugador del Athletic Óscar de Marcos, nacido en Laguardia en 1989), la Hospedería de Los Parajes (es cara su barra, pero lees el periódico y estiras la estancia), o nuestro último refugio, la chocolatería Como Vino Para Chocolate, que también suministra tes, batidos, helados… ¿Vinotecas en Laguardia? Muy caras, cada vez más; yo el vino lo compro en Haro, de camino de regreso a casa. Pero enfoquemos al imbatible Amelibia, establecido en 2005. Aunque es el mejor negocio restaurador de Laguardia, como se halla extramuros, al margen del cogollito turístico-hostelero-comercial, a veces se llena y a veces está semivacío. Acuden bastantes parejas de viajeros jóvenes despistados que suelen papear a la carta y numerosos comensales habituales que se suelen decantar por un menú del día estupendo que, al loro, no anuncian nunca los del Amelibia en el menú de la entrada,...

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Restaurante Héctor Oribe (Páganos). Más tradicional que actual

(+19 rating, 5 votes)Cargando... El pequeño, pijotero y recio pueblo de Páganos está cerca de Laguardia y rodeado de viñedos. Ahí se alza la bodega Torre de Oña. Sus habitantes son educados y te suelen saludar cuando te los cruzas en su ámbito. Ahí también radica el restaurante de Héctor Oribe (Vitoria, 1973), cocinero fogueado en el Ikea, el Karlos Arguiñano o el Arzak. Le conocimos al leer una recomendación suya en el suplemento GPS de El Correo alabando el cochinillo confitado de nuestro querido restaurante Amelibia de Laguardia. Acertó de pleno y se ganó nuestro respeto. Teníamos muchas ganas de ir a su restaurante, abierto en 2000. Según su escasita web, su propuesta es «una cocina actual, de temporada, pero sin dejar de lado la cocina tradicional». Una opción fácil y económica para conocerla es la de su menú degustación: cinco platos más postre, sin vino, por 35 euros más IVA. No está mal, ¿verdad? Acudí con La Txurri, que es la del coche y la del paladar y la de las pegas: ella quería comer a la carta y yo prefería el menú degustación. A la carta habríamos compartido canutillos de morcilla y quizá una ensalada de queso; de segundo ella habría comido ciervo y yo patas de cerdo; y el precio habría salido parecido. Pero la pude convencer y probamos el menú degustación en un comedor amplio (para 50 personas), luminoso, rústico pero funcional y también un tanto desvaído. Se veía ocupado casi en pleno y lo servían dos mujeres cercanas a los comensales. Una de las camareras contó a una clienta-amiga que la cosa está paradita excepto los viernes y sábados, sobre todo para las cenas, y que entre semana en el Héctor Oribe sirven un menú cerrado por 18 euros; «venid, que os va a gustar», les aseguró. Yo fui al baño para lavarme las manos y al volver a sentarme pensé que era el más guapo del local. Había otro tío guapo, pero como ése tenía pinta de...

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