Bar Irrintzi (Getxo). Los típicos pinchos clásicos de toda la vida

Oct 22, 13 Bar Irrintzi (Getxo). Los típicos pinchos clásicos de toda la vida

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

Me gusta ir al Irrintzi, el bar de pinchos clásico de la popular calle Arlamendi de Las Arenas. Son pinchos tan de siempre como cuando los pinchos se llamaban banderillas. Habría que recuperar la nomenclatura antigua, ¿no creen que es más cool? El Irrintzi se mantiene fiel a su decoración añeja tradicional: piedra, ladrillos, madera y una barra cuadrada llena de pinchos que mantienen la clientela fija y asombran a los visitantes. No es un bar para tirarse las horas, porque siempre hay mucha gente, eso que ahora se desahoga el interior con la terraza y que los fumadores evacúan el local para paliar su adicción al aire libre. Al Irrintzi acuden parejas de novios y de abuelos, familias y cuadrillas de amigas… Bueno, de todo, pero preferentemente burgués. Yo, que no soy burgués aunque me gustaría, voy cuando tengo oportunidad y bebo verdejo, o caña, o Voll-Damm de botellín. Ahora me ha dado por el tinto: La Planta, crianza de Ribera del Duero, a 2,20 la copa, a gozada por sorbo. La Txurri bebe mosto (rojo, le entusiasma) o zurito. Y de los pinchos como los que me apetecen en el momento, pues nunca hay uno que se imponga sobre los demás. Y hablo en plural acerca de los pinchos porque en ocasiones repito. Así, a botepronto, puedo contar que en la generalmente bien surtida barra del Irrintzi las gildas son ricas, los langostinos infalibles (y sápidos, sí), las tortillas inapelables, los miniemparedados polipaladeables, las ensaladillas carismáticas, los tacos de bonito en aceite gordos, los bacalaos solicitaos y el jamón con tumaca un clásico. Se me ocurre sin pensar mucho, ¿eh? Hagamos una selección aleatoria, pues el Irrintzi nunca falla, a menos que vayas una tarde (sobre todo las del lunes, pues los martes libran) y el pan de molde del ítem esté sequito. Imagine el lector al leer que les sirvo una bandeja de pinchos de este bar, pinchos basados en el producto y tan clásicos en su formato que años ha se servirían...

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Bienvenidos a restaurante Don Peppone (Getxo)

Pese a no haber formado parte de los catorce millones de afortunados desplazados esta Semana Santa, pude vivir por unos breves momentos la sensación de haber estado al otro lado del charco. Dicen que no hay (casi) nada que la casualidad y un poco de imaginación no puedan solucionar. De las casualidades me fío más bien poco, y en cuanto a la facilidad de crear nuevas ideas, no soy demasiado ingeniosa. Pero fue algo así. Me aproximaba como quien no quiere la cosa a ojear la carta de un restaurante italiano llamado Don Peppone, en la Plaza Puente Colgante de Las Arenas (Getxo), cuando, con aire impetuoso, un hábil camarero aparece junto a mí dando brincos, con sendas y repletas bandejas en cada mano. A su paso provoca la apertura de unas, a mi parecer, antiestéticas puertas automáticas de entrada, más propias de una entidad bancaria que de un restaurante, dejando entrever en ese breve espacio de tiempo una brillante y pomposa Estatua de la Libertad. Creo recordar que en ese momento hasta interrumpí una conversación telefónica: “vaya bienvenidos estoy avistando”. ¡Ups! Estoy perdiendo las maneras… Muy lucida, muy brillante su estola. Con corona de siete picos, antorcha en mano y la tablilla apostada en la cadera; sí señora. Bañada en plata toda ella. Y digo yo, ¿qué hace el símbolo del pueblo americano, tan orgullosos todos ellos, custodiando un italiano? ¿No fue ciertamente un regalo de los franceses a los estadounidenses como símbolo de amistad? ¿Acaso se han enfadado? ¿Será que los encantos de Silvio han traspasado fronteras? Me quedé ahí plantada, esperando a que pizzas, fetuccinis o raviolis atravesasen una vez más el umbral para poder inmortalizar la imagen, ante la atenta mirada del saltarín camarero, que no entendía mi presencia. “¿Entra? ¿Sale?” Pues no, ni lo uno ni lo otro. Me quedo aquí, entre tanto abre-cierra, cual paparazzi, a la caza de la foto, de la imagen nítida, sin personajes extraños interfiriendo el símbolo del sueño americano… Y cerré los ojos....

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Bienvenidos a Restaurante El Chalet (Getxo)

El Chalet es un clásico de L.A. (aka Las Arenas), barrio bien de Getxo. Sus instalaciones son atractivas, pero su comida no goza de reputación en concordancia. Aunque está por ver la solvencia de sus actuales gestores, que ofrecen menú diario y se prestan a toda celebración que se tercie y se pague. A la hora de aclarar dudas, no es de gran ayuda su paupérrima página web, donde omiten toda referencia a su cocina y se limitan a poner un texto cursi bien surtido de faltas de ortografía (escrito a la inglesa, así que se echan en falta signos de interrogación y tildes), y a disponer un espacio donde contactar vía e-mail con la gerencia para obtener, “a la mayor brevedad posible”, información sobre menús, servicios y aforo del restaurante. Lo único que se muestra es unas fotografías del Salón Smith, el Vista Alegre, El Casinillo, el Salón Achúcarro, la terraza, La Pérgola, el Saloncito, la recepción y la pista de padel. De todos esos espacios, bien coquetos y elegantes, hay publicadas imágenes, pero a nosotros lo que más nos llama la atención de El Chalet es otra cosa: las dos campanas que hay ‘plantadas’ en su pequeño jardín frontal, junto a la acera. Dos campanas con la inscripción “1893. Santo Tomás”, firmadas por el fundidor “Echebaster Hijo”, de Vitoria, y que casi pasan desapercibidas para el paseante entre los setos, al compartir con ellos altura, tamaño, y prácticamente también color. Dos misteriosos ornatos que, silenciosos, nos dan la bienvenida cuando pasamos junto a ellos. (Cuchillo) * Lo Que Coma Don Manuel coloca en la sección Bienvenidos aquellos muñecos, carteles y dibujos que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías, tascas y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar. Esperamos sus aportaciones, apreciados lectores * Don...

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Restaurante Mandarín (Getxo). Sí hay menú, oigan

Decía Vázquez Montalbán que un pueblo que no bebe su vino tiene un grave problema de identidad. Una simple, y quizá simplista, traslación de la sentencia a terreno estrictamente comestible (pasando por alto los consejos del maestro Swami Satchidanandu, quien, como Juan Carlos Pérez Vivanco recordó en este mismo espacio, animaba a masticar los líquidos y beber los sólidos) me llevó a mirar con recelo lo que nos venden usualmente como comida china. Por lo visto, la retahíla de rollitos, arroces, gambas, chopsueys y azúcares nada, o más bien poco, tiene que ver con la gastronomía del gigante asiático. ¿Tiene el pueblo chino un serio problema de identidad? ¿Por qué tiene que inventarse un recetario cuando se convierte en emigrante? ¿No se reconoce en el tofu, el pulmón de cerdo, la cabeza de pato o las patas de pollo (garras de fénix, las llaman) que, a modo de excepción, despachan restaurantes chinos para chinos, como El León de Oro, en Bilbao? Ésa y otras preguntan me asaltan cada vez que empuño los palillos y lidio con un rollito de primavera grasiento o apelmazado, con masa vasta y nada crujiente o berza fermentada. O cuando veo los gruesos y viscosos siropes que homogeneizan y restan personalidad a cartas completas. O cuando compruebo que, efectivamente, no hay gatos en los alrededores de muchos restoranes chinos. Sglubs… Aquí huele a chamusquina, me digo, y pienso que mis preferidos son aquellos locales donde puedo comer sin encontrar un charco de aceite al fondo, ni anestesiar mi paladar con el referido sirope. Por eso me gustó reciente mi paso por el restaurante chino Mandarín, un clásico de L.A. (Las Arenas), barrio bien de Getxo. Durante años se dijo que el mejor restaurante chino del Gran Bilbao era el ubicado en la calle Elcano, en el mismo Bilbao. Pero también se dijo que este Mandarín no le iba a la zaga. Era tan bueno y estaba en tan buena zona, que no necesitaba ofrecer menú del día para cuadrar las...

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Bar El Ancla (Getxo). Docena y media de pinchos

Desde siempre he conocido el bar El Ancla, sito enfrente del desaparecido Gran Cinema de Las Arenas. No obstante, nunca había entrado en él. Me parecía demasiado estrecho, cutrín y lo evoco ahora con serrín en el suelo y azulejos en pared. Pero lo consideré de otra manera, con más respeto, cuando un día me dijo el amigo Topo: “¿Sueles ir a El Ancla? Ponen pinchos muy buenos”. Y un día, de casualidad, crucé su puerta con ella, tomamos un pincho rico, percibimos la nula empatía detrás de la barra y… al poco cerraron el bar por reforma, antes de darnos tiempo a ir por segunda vez. Cuando reabrió, por su diseño modernista parecía un local más de la cadena de bares de pinchos que ha brotado triunfal en Las Arenas, con el Aker de la zona de la calle del Club, el Sugaar de la Plaza de los Enanos y el Maddi de la calle Mayor. Pero se trata de una impresión errónea, pues lo mantienen los mismos dueños o encargados de antes. Y otro día ya de 2010, ya remozado el bareto, entramos La Txurri y el menda con intención de curiosear y de no regresar… y hala, se puede decir que ahora El Ancla es de nuestros bares favoritos de Las Arenas, junto al Irrintzi y el Aker de la zona de la calle del Club (exactamente ésa es la calle Arlamendi). Ha mejorado estéticamente El Ancla con el remozamiento. La estrechez inherente al local se ha disimulado gracias al ancho espacio de la entrada, se cuida la presencia estética y hay mucha luz. La cerveza es de la marca germana Veltins (la séptima más vendida en Alemania), numerosos tintos se exponen en una cámara con cristalera (Viña Alberdi, Glorioso, Díez Caballero, Marqués de Riscal, Sierra Cantabria, Medrano…), y entre las ginebras están las que me gustan: Tanqueray, Bombay, G’Vine, Mombasa, Hendricks’, Bulldog… y alguna que aún debo probar: Master’s. En las pantallas de televisión de ambos extremos suele estar encendido...

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No soporto el verano

Alguer, la tienda arenera de ropa donde los hermanos hemos comprado decenas de regalos para mi aita y donde yo mismo adquirí el traje negro de mi boda, baja la persiana. He de reconocer que el cierre no me produce gran desazón per se (con los precios que escribían en las etiquetas, a buen seguro sus propietarios han ganado suficiente dinero y ahora se disponen a gastarlo cual jubilados adinerados), mi pesar tiene que ver más bien con una oferta vislumbrada en su escaparate: un bañador estampado con algo así como bocatas y sándwiches vegetales que este verano me habría convertido, sin lugar a dudas, en el más cool de la redacción de LQCDM… Si pudiera lucirlo. Para mi desgracia, sólo quedaban tallas muy grandes y tallas pequeñas. Yo, que nunca he querido ser como tú, que jamás he deseado ceñirme a un patrón establecido, que no he bailado tu música ni he bebido de botellas de diseño, que no veo la tele, que nunca he animado el equipo de moda ni he votado al partido en el poder; yo, Cuchillo, por tener un talle estándar, por ceñirme a los cánones actuales de belleza masculina, me quedo sin bañador. Sin capricho. Pero me consolaré; igual que Los Vegetales, no soporto que me dé el sol, no me gusta nada el calor, no me queda bien el bañador, yo vestido estoy mucho mejor. Me pregunto a ti quién te engañó, la playa en verano es lo peor, si yo fuese Dios nevaría todo el año. No soporto el verano. (cuchillo) Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales,...

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Bienvenidos a Novelty Café (Getxo)

Esta especie de Laurel & Hardy dan la bienvenida a cuantos se acercan al Novelty Café, local sito en la calle Mayor del barrio getxotarra de Las Arenas. * Lo Que Coma Don Manuel coloca en la sección Bienvenidos aquellos muñecos, carteles y dibujos que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, chigres, sidrerías y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar. Esperamos sus aportaciones, queridos lectores *   Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales, Gastronosfera y Kmon. Asimismo, es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor. Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ya han transcurrido casi 30 años desde que empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree, eldiario.es, BI-FM y alguna otra trinchera. Además, durante dos años colaboró con un programa de Radio Euskadi. Como los Gallo Corneja, Igor es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya. Sostiene que la gastronomía es el nuevo rock and roll y, si depende de él, seguiréis teniendo noticias de este hombre al que le gusta ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de comida, amor y muerte que nadie puede entender. Eso sí, dadle un coche mirando al sol, una guitarra y una canción, una cerveza y rock and roll, y no le...

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Bienvenidos al bar-restaurante La Trainera (Getxo)

Alfonso Santiago nos recuerda que en el barrio getxotarra de Las Arenas, entre bares de diseño y barras de pinchos que son todo un espectáculo, La Trainera capea el temporal con ofertas como la que anuncia el gordito en su entrada. Crisis, ¿qué crisis? Esta crisis. * Lo Que Coma Don Manuel coloca en la sección Bienvenidos aquellos muñecos, carteles y dibujos que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, chigres, sidrerías y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar. Esperamos sus aportaciones, queridos lectores * Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales, Gastronosfera y Kmon. Asimismo, es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor. Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ya han transcurrido casi 30 años desde que empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree, eldiario.es, BI-FM y alguna otra trinchera. Además, durante dos años colaboró con un programa de Radio Euskadi. Como los Gallo Corneja, Igor es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya. Sostiene que la gastronomía es el nuevo rock and roll y, si depende de él, seguiréis teniendo noticias de este hombre al que le gusta ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de comida, amor y muerte que nadie puede entender. Eso sí, dadle un...

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Restaurante Abaroa (Getxo). Menú diario en ambiente burguesito

(+10 rating, 2 votes)Cargando... Cuando se tercia, los menús diarios del Abaroa de Las Arenas son una primera opción por la calidad del condumio, el precio de la estancia y la buena educación de los parroquianos, generalmente burgueses (familias, parejas, amigas ancianas, amigos a secas…) y ocasionalmente menestrales (chicas de tiendas cercanas). La gente habla bajo, la música acompaña de fondo (sones vascos el último día que nos sentamos ahí: Oskorri, Hiru Truku…) y la amplia cristalera desahoga el comedor abierto hacia la iglesia de Las Mercedes, su jardín arboledo, una carretera muda y escasos paseantes por la acera. Hombre, a veces el menú de 10 euros oferta ensalada y lirios como lo más interesante, pero la última vez que acudí con mi amigo Carlos había berenjena rellena y merluza en salsa verse. Le sumas vino navarro potable y postres generalmente idílicos… ¿y cómo resistirse? Pues entresemana Carlos y yo acudimos a gozar del humilde placer de su menú del día. Llamé por teléfono al Abaroa, me cantaron el de ese martes, contesté que muy bueno, llamé a Carlos y, hala, nos encaminamos al restorán haciéndonos los chulos por la calle Mayor de Las Arenas. Nos recibió la encargada, una delgada mature con mucha clase, cortesía contenida, unos ojos claros que mantienen a distancia al interlocutor y la costumbre de tratar de usted, como debe ser. Nos señaló una mesa y Carlos se sentó en la aneja, él de espaldas a la cristalera y yo protegido por la pared, dominando el comedor minimal y funcional empero acogedor. Carlos asió su mantel unipersonal y observó profesional: «Salvamanteles firmes. Los limpias de una sacudida». Bebimos agua Aquabona del manantial Santolín (253 de residuo seco), que llegó muy fría, y tinto navarro Iratxe de año, un todoterreno que en la etiqueta recomiendan para acompañar comida mediterránea. Funciona bien. Hombre, si voy solo y me lo pimplo entero a la tarde me duele un poco el bolo, pero entre dos adultos entra de cine. De primero había cuatro...

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Pianamul (Getxo). Mola el Moule

Si usted es de Getxo o alrededores o si, atraído por la fama mundial del Puente Colgante de Bizkaia, desea hacer una pausa en su camino, Pianamul es una muy buena opción. Situado en la plaza de las escuelas de Las Arenas, también conocida como Plaza de los Enanos, el Pianamul se sitúa en los soportales lo que posibilita el uso de una amplia terraza. El local es de tamaño reducido pero la gente de Verno, (excelente estudio de interiorismo, un saludo a Perdi) han conseguido sacar chispas del espacio disponible. Así, en una barra atendida profesionalmente, nos podemos encontrar con pinchos (muy buena la tortilla de patatas) desde primera hora de la mañana y hasta que se ponga el sol. Y luego está la originalidad de la propuesta que da nombre al establecimiento: los moules (mejllones) al estilo bretón. De tamaño pequeño y sabroso, como mandan los cánones y con una variedad de estilos en las preparaciones que llaman a repetir la visita. Y todos los pucheros de bivalvos están acompañados por las inevitables patatas. El local, los fines de semana, tiene el aforo completo de parroquianos atraídos por sus “marianitos” , las rabas y por la charla que, con el clima del norte, es conveniente realizar  bien cubiertos. Por allí pasa todo el “quién es quién” de la aristocrática zona. Y, otra de las grandes atracciones del local, al menos para el que escribe esta nota, son las bellas madres getxotarras que, por la cercanía de los columpios vigilan a sus vástagos y se convierten a su vez en objeto de admiración estética y visual del visitante. En definitiva, un local pensado y muy bien aprovechado, y que cuenta con la opción extra de comida preparadas para llevar. El servicio de recogida corre por cuenta del interesado en el propio Pianamul. Algo que aún no hemos probado pero que no descartamos hacerlo en esos largos días veraniegos en los que uno se convierte, no sin regocijo, en un Rodriguez al estilo Landa....

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Restaurante La Trainera (Getxo). Ni recados ni fregados

Muy esporádicamente hemos ido al bar-restaurante La Trainera, ubicado en pleno centro de Las Arenas, y siempre hemos salido contentos. Nunca hemos ido a alimentarnos por necesidad física ni espiritual, sino a papear fuera de casa para no hacer recados ni fregar. Acudimos por vagancia, o sea. Generalmente dudamos, pero al final entramos y salimos tan campantes. El comedor está al fondo a la derecha, tras la larga barra de pinchos, y no tiene ventanas pero sí decoración marinera y los camareros lo atienden con rauda eficiencia para llenarlo dos veces cada mediodía. Sus mesas las suele ocupar una gente muy rara, a veces triste y solitaria como figurantes neorrealistas. Ahí se sientan desde jubilados hasta pijos despistados, desde currelas no muy sucios hasta inmigrantes integrados, desde comerciales y bancarios hasta… La Txurri y el que suscribe. Todos vamos motivados por el precio (10,10 euros), la rapidez del servicio, la centralidad del local y la amplia oferta de comida popular. Yo hago memoria y caigo en que a menudo elijo paella (y yo que creía que no me gustaba el arroz). En nuestra última visita, un jueves, había muchos primeros para elegir: alubia blanca de pinta estupenda y posibilidad de barquito con guindillas; alcachofas salteadas muy tentadoras; unos gruesos espárragos con huevos rellenos que observé en la mesa de al lado y me decían ‘cómenos, cómenos…’; unos tres tipos de ensalada más lo que elegimos nosotros: yo paella de carne (pollo y costilla), con sus hongos y pimientos verdes, bastante aparente, o sea muy buena; y Susana, aunque intenté en vano disuadirla, ensaladilla rusa. Pero estaba estupenda, llegó muy bien presentada, la veteaban bastantes pimientos rojos, la empapaba una mayonesa chispeante y ella le añadió un alegre chorretón de vinagre. La torre rusa estaba rodeada por huevo cocido, trozos de espárrago y langostinos cocidos de esos del super… Me hice un pincho con los ingredientes periféricos y lo armonicé con el clarete de batalla (tempranillo más garnacha), que estaba potable, quizá rico, para qué negarlo.  Sonaba...

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