Valenciano, por Ana Romera (Recetas para una cuarentena #72) lo

De gentilicios va la cosa. Verán, en mis sobremesas nunca un postre ha suscitado tanto asombro, expectación, admiración y polémica como el más simple del repertorio: el valenciano. Y eso ha ocurrido con castellanos, madrileños, catalanes y andaluces. Así que recurro al amparo de Don Manuel para reivindicar la exquisitez de lo sencillo y abrir el debate sobre éste, al parecer, gran desconocido invento de los dioses.

En tierras vascas la presencia del valenciano en las cartas de postres es algo habitual, llegando en ocasiones a presentarse como combinado o bajo el epígrafe de los cafés de gentilicio europeo, como el irlandés o el escocés. Sin embargo, siempre que preparo esta delicia a gentes de otros lares se repiten las expresiones de albricias, incredulidad y satisfacción. Algo así como si todos los comensales susurraran a su vaso eso de “¿dónde has estado durante toda mi vida, oh, valenciano?”

INGREDIENTES

  • Una o dos bolas de helado de vainilla
  • Zumo de naranja natural
  • Un chorrito de Grand Marnier

He de reconocer que, cuando la situación es acuciante, el valenciano admite todo tipo de 'aberraciones', tales como usar zumo embotellado, Cointreau o Drambuie. No es lo mismo, pero sigue estando fetén.

Zumo, helado y triple seco, ¡valenciano! (foto: Ana Romera)

AL LÍO

Coloca el helado de vainilla, también conocido como mantecado, al fondo de la copa o del vaso de pelotari, el continente que prefieras. Añade el zumo de naranja, una cantidad generosa (dos piezas en su temporada idónea te procurarán un valenciano de campanillas). Y remata con el chorrito de Grand Marnier, engañoso él, porque uno echa y echa y le sigue pareciendo que el conjunto sabe a naranja; lógico, recuerden la esencia del triple seco.

Ésa es la fórmula, inmerecidamente ninguneada, de la perfección. ¿Quién fue el iluminado que creó el valenciano? ¿Es valenciano el valenciano? ¿Es postre el valenciano, o es un combinado? Y, por cierto, en busca del bocado ideal, ¿prefieren ustedes esperar a que el helado se derrita, o son de los que meten la cucharilla cuando el mantecado aún mantiene la textura?

Valenciano, bodegón, siempre arte (foto: Ana Romera)

Galletas de anacardo, por Ana Romera (Recetas para una cuarentena #29)

¿Quieren demostrar a alguien lo mucho que le aprecian en este tiempo de confinamiento? Pues opten, sin lugar a duda, por el anacardo. En solo media hora conseguirán que este fruto seco (en realidad la semilla de un árbol perenne originario de Brasil) transmita una satisfacción y un buen rollo difíciles de igualar. Cómo, se preguntarán. Bien fácil, horneándolo en galletas. Resultados altamente demostrados.

¡Dígalo con anacardos!

“El anacardo (Anacardium occidentale) es un fruto seco de cáscara dura y forma arriñonada de 3 a 5 centímetros de longitud. El nombre de anacardo se lo dio el monje y naturalista francés André Thevet, a quien su forma le recordó la de un corazón invertido -(‘ana’ significa ‘hacia arriba’, y ‘cardium’, ‘corazón’)” (Lidia Penela, La Vanguardia)

INGREDIENTES

  • 80 - 90 gr. de anarcardos triturados
  • 140 gr. de mantequilla
  • 75 gr. de azúcar glasé (si no quieren comprarla, pueden despojarla de su glamour y hacerla con el molinillo de café)
  • 2 yemas de huevo
  • 170 gr. de harina
  • Un pelín de esencia de vainilla

Los anacardos se trituran, sí, pero dejando algún trocito reconocible para encontrarse, de cuando en cuando, con un toque salado.

AL LÍO

Comiencen mezclando mantequilla blandita (pomada) con el azúcar, la esencia de vainilla y las yemas. Añadan la harina, tamizándola con el colador, y por último los anacardos triturados.

La ricas galletas de anacardos de Ana Romera (foto: Cuchillo)
La ricas galletas de anacardos de Ana Romera (foto: Cuchillo)

Ahora, metan la masa 10-15 minutos en un papel film dentro del congelador. Friegen lo ensuciado.

Se sirven ustedes una cervecita o una copa de vino, así, por vicio, y encienden el horno a 180 grados. Preparen el papel de hornear en una bandeja y formen bolitas con la masa recién sacada. Aplástenlas un poco, 10 minutos al horno, y cuando empiecen a tener el borde doradito, las sacan y que se enfríen en rejilla.

Una lata aparente y un poco de azúcar glasé, por encima, contribuyen a que el anacardo transmita todo su amor y buenos deseos dejando una honda satisfacción por el mínimo y gratificante esfuerzo.

Si notaran la necesidad, sírvanse otra copa de vino, aspiren el olor de su cocina y disfruten.

Galletas caseras, azúcar glasé y caja de lata, ¡cuánto amor! (foto: Igor Cubillo)

Atardecer con Bellavista en Roquetas de Mar (foto: Ana Romera)

Chiringuito Bellavista y La Gamba de Oro (Roquetas de Mar). Dos oasis en ‘Roqueeeeeta’

Una semana en Almería sonaba bien. Sergio Leone, Sancho Gracia, David Bisbal... Y había varias posibilidades: ¿San José? ¿Níjar? ¿Cabo de Gata? Pero al final, como siempre, decide el bolsillo y éste no se pudo resistir a un ofertón en la Urbanización de Roquetas de Mar (‘Roqueeeta’ para los lugareños). Y lo primero, tras comprar una sombrilla, fue buscar un refugio alternativo al feísmo reinante en el hotel, sus alrededores y sus gentes. Porque en general, Roquetas no resulta un lugar demasiado  “acogedor” y el buen trato a un par de turistas patrias brilló a menudo por su ausencia. Así que tal vez se cumpla el tópico de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero en cuanto pusimos el pié en el Chiringuito Bellavista decidimos que ése sería el lugar en que nos gastaríamos la mayoría de nuestras perrillas destinadas a la manduca y al pimple. Y qué gran acierto, señores.

El mérito lo tiene uno de sus camareros que, mira tú por dónde, no era de Roquetas, sino de Logroño, y nos recibió con una sonrisa espectacular y una simpatía de 10. Pero esa nota aumentaba  aún más cuando nos recibía para el aperitivo con una Mahou de tercio en copazo helado, servida en una ventilada y sombreada mesa y acompañada por la esperada tapa. Casi siempre era de pescado y destacaron sobremanera una de caballa en escabeche y otra de cazón en adobo, de esas que no se olvidan. ¿Para comer? Pues qué mejor que un arroz con bogavante. De infarto, tanto por su sabor como por la textura del bicho y su punto de cocción. Excelente. Lo regamos con un fresquísimo Barbadillo que se acabó antes de tiempo pero al que no quisimos reemplazar, por pudor quizá. “Qué bien me beben ustedes”, solía decir el logroñés con su espléndida sonrisa. El arroz, la botella, dos helados y dos cafés, apenas llegaron a 50 euros. Ese día nos despedimos besando a la cocinera.

También hubo jornadas en las que, tras el aperitivo, dejábamos allí los trastos de la playa, nos íbamos a comer algo rápido al hotel y regresábamos pitando al  Bellavista para tomarnos un más que correcto cortado con hielo, siempre en nuestra ventilada y sombreada mesa, y coger una botella de agua helada, de litro y medio, antes de volver a la posición horizontal junto a la orilla. En el hotel de los horrores nos soplaban 2,00 euros por la botella, mientras que en nuestro oasis nos la dejaban por 1 eurín.

Arroz con bogavante (f: Ana Romera)
Arroz con bogavante (f: Ana Romera)

Y sí la opción era cenar, pues para muestra un botón: una ración de sabrosísimas sardinas a la plancha, más una nutrida ensalada y una parrillada de pescados de esos ricos, ricos, ricos, con su Barbadillo, sus postres y cafés, 21 euros por barba.

Infidelidad con La Gamba de Oro

Y aunque nos costó, hubo alguna ocasión para la infidelidad y en esas descubrimos La Gamba de Oro. Un divertidísimo bar en el que tapeamos una noche hasta la saciedad y donde serás muy afortunado si logras pillar una banqueta de las que están en la calle, dando a la ventana de la barra. ¡Oh! El espectáculo consiste  en ver cómo desfilan un sinfín de camareros cantando a las cocineras interminables comandas de tapas y raciones. Y es flipante cómo al final el tema funciona. Flipante y divertidísimo. Las cañas con tapa están a 1,80 y todo estaba muy logrado: mejillones, chanquetes, gambas a la plancha, espeluznaos (pulpitos)... Y, de pronto, como guinda al show, el camarero de mediana de edad y rancio salero que estaba en la barra a cargo de las cañas se enfunda en una camisa negra con trasparencias, pone un temazo de Britney Spears en la megafonía exterior  y se marca un play-back con bizarra coreografía por toda la terraza. Culmina pasando la gorrilla. Ja, ja, ja. Dos oasis para tener en cuenta si recalan en la Urbanización de ‘Roqueeeeta’.

(Ana Romera)

Chiringuito Bellavista.  Paseo del Mar, esquina con calle Esturión. En la playa. Roquetas de Mar (Almería)

La Gamba de Oro. Avenida Mediterráneo, 10. Urb. Roquetas de Mar (Almería).

Atardecer con Bellavista en Roquetas de Mar (foto: Ana Romera)
Atardecer con Bellavista en Roquetas de Mar (foto: Ana Romera)

Vistoso surtido de cupcakes de Mami Lou.

Mami Lou Cupcake (Bilbao). Cupcakes & Cale

¿Puede haber un plan más dispar que merendar cupcakes antes de ver por primera vez en directo a John Cale? Pues evidentemente sí, pero este periplo a priori tan disperso se le ocurrió al amigo Cuchillo y una fan incondicional de la repostería como yo estaba encantada de renunciar a las consabidas cervezas rockeras y romper la dieta en Mami Lou, el encantador local de cupcakes de la calle Barrainkua de Bilbao. Y como en este post van ustedes a encontrar anglicismos ñoños por doquier, parto ya de un adjetivo decisivo para describir la experiencia: lovely.

Mami Lou es un precioso y coqueto local en el que al entrar tu mente empieza a funcionar en diminutivos. Y no sólo por lo pequeño, que lo es, sino porque además la decoración es armonía pura, con tonos azules y blancos, con un original suelo de baldosa y una barra de madera al servicio de su especialidad: los cupcakes. Si son amantes de ‘Mad men’, es casi como entrar en la cocina de la Betty Draper, pero en vez de su rictus de frustración, tras un primoroso delantal te da las buenas tardes una sonrisa espectacular, de esas que le encantarían a Uve. Y a continuación entras en un mar de dudas. Imagino que por la mañana hay que enfrentarse a  expositores llenos de colores imposibles (como los de la foto), pero por la tarde la oferta era ya escasa; sólo quedaban cupcakes con frosting de petisuis, icing de limón y uno de chocolate con almendras, con su buttercream de chocolate que fue el que elegimos al instante (2,50€). Estaba realmente bueno. Una magdalena esponjosa con su crema de mantequilla y chocolate por encima y un topping que Cuchillo definió como fruto seco exótico cubierto de chocolate, y que al final bautizamos como nuez de Macadamia, por lo sonoro y lejano. Ummmmm.

"Heart attacks" de Mami Lou.
"Heart attacks" de Mami Lou.

Pero no todo queda ahí. En esa barra de las delicias estaba una de mis debilidades:  la cheese-cake de arándanos. Desde que la descubrí en ‘Las chicas de oro’ ando siempre detrás de la tarta de queso perfecta, así que no me pude contener y pedimos también un trozo (3,50€). Era una tarta de queso de las horneadas, con su toque de limón, como la New York, y su mermelada de arándanos, sin gelatinas. Estaba muy rica pero no alcanzó el nivel de perfección esperado (pero repito que mi listón está muy alto). Lo acompañamos de dos cafés, el solo (1,25€) era espresso y el cortado estaba estupendo, así que al final tuvimos una merienda ‘adorable’ por 8,55 eurines que pagó mi gentil acompañante.

Advierto que la carta es mucho más extensa y que tienen una selección de té con entradas tan sugerentes como champán con fresas, y unos batidos impresionantes, y un chocolate que sirven en vasos cónicos, como en Mara (debe ser tendencia), y frappes, y.... bufff cuántas visitas pendientes.

Vistoso surtido de cupcakes de Mami Lou.
Vistoso surtido de cupcakes de Mami Lou.

Y, sí, he obviado deliberadamente la manida referencia a los cupcakes de ‘Sexo en Nueva York’, porque la inspiradora de este local ha sido la abuela Ludovica (a la que no imagino suspirando por unos Manolos) y porque tengo muy claro que Carrie y Samantha se hubieran decantado por dar un bocado al guitarra o al batería que acompañaban a John Cale, a pesar del escaso topping del segundo.

 (Ana Romera)

facebook de Mami Lou Cupcake

ver ubicación

Barraincua, 7; Bilbao (Bizkaia)

94 424 40 86


Bukoi Taberna (Bilbao). Más que jabugo cortado al estilo 1900

Hablando de Bertons, tres amigas entramos en el Bukoi de la calle Nueva el Viernes Santo. Cumpliendo el viacrucis, habíamos visitado ya las estaciones de Boulevard, Gatz e Irrintzi, con su pintxo y su zurito correspondiente, como manda la tradición. La idea era darnos por comidas con unos huevos estrellados, unas anchoas y unos txipis. Todo muy rico y muy de Viernes Santo. El camarero, encantador por cierto, nos preguntó si queríamos algo más en el preciso momento en que el aroma de una txuleta voló sobre nuestra mesa. Rompimos el precepto y nos rendimos a los pecados de la carne. ¡Qué sabia elección! No creo que se hubiera criado con vino, pero estaba realmente rica. Además, el mismo camarero encantador nos recomendó un tinto del Bierzo, Pittacum 2006, de uva mencía, que nos dejó un grato recuerdo mientras sumábamos un punto negativo más en nuestro cristianómetro.

(rompió el cristianómetro Ana Romera)

ver ubicación

c/ Nueva, s/n; 48005 Bilbao (Bizkaia)

94 479 00 93


Asador Matxete (Vitoria-Gasteiz). El verdadero 'festival' lo vivimos en el Matxete

Veo que don Manuel se pasea a menudo por locales de Vitoria, pero aún no se ha rendido a las excelencias del Asador Matxete, así que paso a presentárselo a continuación. De hecho, les diré que hemos estado dos días en la capital con motivo del Festval , uno para comer y otro para cenar, y que los dos días hemos ido al mismo sitio. ¿Para qué arriesgarnos? Yo me podría quedar a vivir en el Asador Matxete.

De todas formas, creo que es justo apuntar que en ambas ocasiones nos sentamos en la mesa con caras conocidas de la tele, y siempre te asalta la duda de si todo hubiera sido igual de maravilloso si me hubiera presentado con el bomber o con la cuadrilla...

Al tajo.  El Asador Matxete es una delicia. El dueño es encantador, el local está en un sitio estupendo, la medieval Plaza del Matxete y tiene una decoración simple, incluso pelín fría. Pero comencemos a salivar con los platos. Para comer el viernes elegimos como entrantes unas anchoas en salazón y unas orgásmicas ensaladas de tomate de huerta que tuvieron a bien ofrecernos fuera de la carta. Las anchoas estaban ricas, pero el tomate fue un lujo. Además, tomamos  unos pimientos de cristal que resultaron ser pimientos rojos asados, con un punto caramelizado, muy ricos pero tal y como alguien apuntó, hubieran estado mejor  en compañía.

Los segundos también fueron una grata sorpresa. Compartí con Edurne una ijada de bonito colosal y probé la txuleta, que estaba estupenda, un tronco de merluza que daba gusto deshojar y el foie a la plancha que era una delicia ya sólo en su presentación. Quiero destacar también algo que muchas veces se descuida: el pan. ¡Qué pan! Y, además, te lo dejan en la mesa en una preciosa cesta, con piezas de sobra para que todos podamos repetir sin necesidad de pedirlo. Una delicia, sobre todo a la hora del unte…

Todo esto lo regamos con uno de mis vinos favoritos, un crianza de Campillo que nunca falla. Y ahora llego a los postres y me quedo sin palabras suficientes para describirlos. Los cuatro de nuestra esquina decidimos compartirlos y pedimos la tarta de queso, que no tiene base ni de galleta ni de bizcocho y que se presenta a modo de timbal acompañada por un helado de frambuesa sobre una teja que era un espectáculo. Además, elegimos un goxua que era un gozo,  una tartaleta de chocolate que se merece un monumento y que sirven acompañada por un logradísimo helado de yogur sobre su teja correspondiente, y una delicia de mousse de arroz con leche con helado de queso y su teja, claro. ¡Buah chaval!

Y como les digo, el sábado, después de la clausura del festival, donde disfruté de la presencia de Eduard Punset y Xabier Deltell, corrimos a cenar de nuevo al Asador Matxete. Sonrisas cómplices con el dueño al pedir de nuevo la ensalada de tomate, que estaba igual de orgásmica que la del viernes, unos langostinos de Ibarra ricos-ricos y unas croquetas de escándalo (dos por barba).

De segundo compartimos la consabida txuleta (casi igual de buena que la que nos calzamos el Rmrls y yo en el Egiluz, casi) y un rape que estaba de rechupete. En los postres también repetimos con la tarta de queso, con la  tartaleta de chocolate y probamos una crema templada de arroz que era para entrar a la cocina y besar al cocinero.  Pero además, quiero compartir con ustedes  el descubrimiento de un vino que no hay que olvidar. Dejamos en manos del dueño (siento no recordar su nombre) la elección del caldo de la cena y nos presentó  un crianza de Amador García, D.O Rioja, de Baños de Ebro, que fue la guinda de una cena excelente (18 euros la botella).

Como aspecto positivo, también diré que todo este dispendio lo pagó la empresa, pero  para que don Manuel esté bien informado, las chicas de producción me han soplado que salimos por unos 35-40 euros cada uno. Lo dicho, de quedarse a vivir.

(se lo pasó de cine Ana Romera)

web del restaurante

ver ubicación

Plaza del Matxete, 4-5; 01001 Vitoria-Gasteiz (Álava)