La Arena (Niembro). El chiringuito de la playa de Toranda

Jul 09, 13 La Arena (Niembro). El chiringuito de la playa de Toranda

Publicado por en Asturias, Destacado, Llanes

El Chiringuito de la Playa de Toranda en Niembro (Conceyu de Llanes) es un restaurante efímero del que sólo puedes disfrutar en los meses de verano. Aquí puedes comer una paella de marisco bastante prestosa y disfrutar de las vistas a una de las playas más bellas del Mundo Mundial.

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Moby Dick (Ondarroa). El mejor sitio del pueblo

Jul 01, 13 Moby Dick (Ondarroa). El mejor sitio del pueblo

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

El Moby Dick no es ningún chiringuito, aunque sólo abra en verano y exhiba decoración marinera: remos, un timón, campanas, fanales, salvavidas, ojos de buey…

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Bienvenidos a Café Bar Marina Txiki (Zarautz)

Zarautz es playa. Es surf. Es golf. Es Santa Bárbara y Mollarri, dos acantilados. Es la Nao Victoria. Es pesca de ballenas. Es Isabel II y sus baños de sol. Es José Ángel Iribar. Es Eloy de la Iglesia. Es Estanis Argote. Es Karlos Argiñano. Es Andoni Egaña. Es el Palacio de Narros. Es la iglesia de Santa María La Real. Es su Photomuseum. Es Delorean. Es la imagen de BB King que te recibe y hace compañía en el Café Bar Marina Txiki, adherida a su cristalera; con el bluesman abrazado a Lucille, gesto pensativo y cerveza volando. (cuchillo) * Lo Que Coma Don Manuel coloca en la sección Bienvenidos aquellos muñecos, carteles y dibujos que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar. Esperamos sus aportaciones, apreciados lectores * Don...

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Sandwich americain. Reinterpretación de la hamburguesa

¿Cuántas veces, teniendo prisa, has lamentado tener que arrear con un pintxo o un bocata, y no poder comer a la carrera una buena hamburguesa con sus patatas fritas? Pues bien, si han sido muchas las ocasiones, seguramente no vives en Iparralde. Allí, en el País Vasco francés, tienen una formula para quitarse el chincho, y la llaman sandwich americain, una preparación que, como el avezado lector ya barruntará, no es un sandwich tal y como los conocemos a este lado de los Pirineos. Con su pan de molde y demás. No. Se trata de un largo bocadillo (sandwich, en gabach language) que en su mejor versión puede combinar lechuga, tomate, cebolla, queso, bien de carne picada, salsa al gusto y… un buen puñado de patatas fritas a modo de cierre hermético, asomando entre los panes. La idea es buena, pardiez, sápida y saciante, una sencilla reinterpretacion de la hamburguesa ideal para tomar en la misma arena de la playa. Pero también diré que puede dar mucho más de sí, pues la carne empleada no es de gran calidad en la mayoría de las casetas, chiringuitos y despachos de comida rápida que los venden, a un precio que suele rondar los 5 euros. Abundan los filetes chuchurridos, escuálidos y tirando a secos. Si corrigen eso, hablaremos casi de un manjar. (echa de menos la luz de Iparralde, Cuchillo) Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales, Gastronosfera y Kmon. Asimismo, es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor. Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas...

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Restaurante Chino Mandarin (Plentzia). Cantidad sí, calidad no

Acabo de pedir rollito de primavera, fideos de arroz tres delicias (en realidad cinco: pollo, vacuno, zanahoria, soja y una gamba), langostinos fritos y una cerveza en el (casi) infalible Restaurante Chino Lakua, en Vitoria. Luego pediré helado de limón, lo sé, soy un animal de costumbres. Y mientras escribo esto, después del primer sorbo, pienso que estoy a punto de comer bien por solo siete euros y recuerdo lo mal que comí recientemente en el Restaurante Chino Mandarín, en Plentzia. Además de encantador, como su ama, Iker es un chaval habilidoso, espabilado, adelantado, y le encanta comer con palillos, con chop-sticks. Por eso, y porque era ya tarde, terminamos allí, rollo we are a happy family. Era domingo y, aunque ese día no sirven menú, la carta es realmente barata y por 48 euros (los cuatro, sin postre, con una San Miguel de tercio y un botellón de agua mineral) no echamos en falta cantidad, pero sí calidad. El pan chino (1,30 euros) y los rollos de primavera (1,60) eran mediocres. El arroz tres delicias (4,25) de los niños no pasaba del aprobado. La tempura de verduras (7,95) resultó lamentable, con abundante zanahoria grosera y sólo un minúsculo pedacito de triguero, como el dedo de un bebé. El pato con setas y bambú (8,50) no levantó el pabellón y mis críos, enamorados de la carne sangrante, del entrecot, el solomillo y el txuleton, no quisieron comer los filetes de ternera con patatas (6,50) que les sirvieron. No les culpo, la carne, bien seca, carecía de cualquier atractivo. Saturno debía estar alineado ese día con Neptuno y Venus, y a su vez éste con Gamínedes y Ariel, porque coincidimos en el comedor con el ínclito Zuloko y su encantadora pareja, quienes resumen su experiencia a continuación: “La comida no fue una de las mejores que los simpáticos propietarios de restaurantes asiáticos nos han proporcionado en los últimos años. Abrió nuestra comanda una piña rellena de arroz con marisco, en una espectacular presentación que se veía chafada...

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Asador Hondartzape (Gorliz). Pescatería, marisquería, entropía

(+25 rating, 5 votes)Cargando... A menudo he zampado invitado en el Hondartzape de la playa de Gorliz, restaurante pescatero tradicional de nivel, a pesar de la apariencia exterior del local: desde fuera parece un chiringuito y un cartel advierte que está prohibido entrar sin camiseta. Hombre, si colgaran el menú en la entrada, muchos se cortarían de colarse. Pero es que esta es la gran pega de ese local. Su gran truco. La pega por todos los visitantes observada es que no sabes lo que te van a cobrar por lo que pides. No te enseñan la carta, o sea. Te cantan lo que hay ese día, y si te pasas del presupuesto, pues ajo y agua. Si insistes, puedes conseguir una carta de vino, pero para lo que sirve… La última vez pedimos un crianza riojano, Viña Alberdi de 2003, que estaba a 14 euros en la citada carta y a la postre nos cobraron 17. Je, je… Por fuera el Hondartzape se erige como un reducto amenazado por la remodelación urbanística de la playa. Su futuro pende de un hilo y su supervivencia actual despierta sospechas sobre irregularidades y conchabeos con las autoridades. A la entrada el restorán tiene una barra de bar pequeña y el amplio y diáfano comedor se abre a la bahía por numerosos ventanales que muestran los montes, el mar, el arenal, el paseo… Si vas a papear en otoño/invierno no ves paisanos, ni paseantes, ni peña en bañador. Y si das la espalda al ventanal, cuyas paredes se van descascarillando, puedes mirar cómo cocina a la brasa el encargado de turno. Pues eso, que a menudo he ido invitado por mis suegros. Casi siempre hemos comido besugo estupendo y gambas exquisitas, todo regado con riojas tradicionales: Muga, Viña Alberdi… Antes mi familia política solía compartir de entrante una ensalada de bonito y años me costó imponerme y convencerles de que más bien era una ensalada de cebolleta. A pesar de sus apariencias, el Hondartzape es un garito...

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Restaurante Ilha Formosa (Ilha de Tavira). La primera cataplana en la frente

(+10 rating, 2 votes)Cargando... Tavira es una ciudad portuguesa que cuenta con más de 20.000 habitantes. Tavirenses ellos. Se ubica en la región del Algarve, al sur del país vecino, y cuenta con nueve pedanías. A su vez se divide en freguesías, se incluye en el Parque Natural de la Ría Formosa y presume de desafiar al cielo con los campanarios de nada menos que 37 iglesias. Todo eso es cierto, pero también lo es que el principal atractivo de ese destino turístico es Ilha de Tavira, una isla a la que puedes acceder en uno de los barcos de ‘línea regular’ que te llevan a y te traen de ella, desde el mismo centro, por sólo 1,90 euros, o en los barco-taxis que hacen el mismo trayecto por más de 20 euros. Repasadas las tarifas, rememoremos la llegada a la ínsula, en una nave repleta de turistas. Uno desembarca, mira a un lado y a otro, observando finas líneas de arena y unos pocos amarres, y deduce que lo bueno está más allá, al otro lado, donde se llega después de un cómodo y concurrido paseo de cinco minutos en el que observa pequeñas viviendas, un camping, puestos de venta y un buen número de restaurantes (más bien chiringuitos) donde se ofrecen pescados y mariscos. Al final, dejado todo eso atrás, se llega a la bella playa de Ilha de Tavira, donde uno puede recibir a buen precio el masaje de un fornido fisioterapeuta, dejarse vapulear por el oleaje de un precioso mar verde turquesa o simplemente tumbarse al sol con la esperanza de no quedarse dormido y perder el último barco económico. Está bien el sitio. Antes de descubrir los innegables encantos de su playa fuimos desechando ofertas gastronómicas hasta que se ganó nuestra confianza el camarero-encargado de Ilha Formosa, un vigués con madera de comercial, carne de reporteros viajeros españoles por el mundo. Él nos despejó el camino: nos dijo que mejor una cataplana de marisco que un arroz de marisco,...

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Sidrería El Bodegón (Llanes). Una tasca casta

Llanes mola tanto que pienso seriamente irme a vivir ahí. Le falta una playa larga y en condiciones de fácil acceso, pero todo lo demás me seduce: el paisaje verde del fondo, cierta sensación de aislamiento, los vericuetos urbanos que nunca dejan de sorprenderte, los diferentes ambientes (marinero, medieval, modernuqui… y el paseo San Pedro), los paisanos y hasta las manadas de turistas invasivas en el estío. No me hace gracia la peatonalización que resta personalidad a la villa asturiana, pero sí las nuevas vinotecas que desagradan a mi hermano Igor. Me gustan porque la oferta de líquidos se amplía y no te limitas a las sidrerías. Para papear, en Llanes prima el menú del día, el pienso turístico. El de mejor recuerdo lo degusté un invierno, en el Hotel Sablón. La mayoría suelen ser de batalla, con vinos indignantes. Otra opción culinaria es la de las raciones de las sidrerías, siempre más caras. Raciones hemos picado en muchos locales, desde el entrañable y avejentado Matute hasta el macarril y en semisótano Galeón. Pero nuestra sidrería favorita ahora es El Bodegón, garito estrecho con dos entradas, una a la calle Mayor y otra a la plaza de la Magdalena, ésta generalmente atestada de gente contenta y con mucho visitante madrileño. Sus camareros andan prestos, el suelo tiene serrín, las columnas son de madera y las paredes de piedra y están adornadas con yugos de bueyes y demás. En tal tasca casta hemos abrevado a menudo con sidra a raudales y reforzado el estómago con raciones diversas. En barra hemos flipado con la calidad, frescura y buena fritura de sus raciones de parrochas (sardinas pequeñas) y bocartes (anchoas; ahora las ofrecen a 7,5 en la carta), exquisitas y para chuparte los dedos pues se comen con las manos; el chorizo a la sidra también está por encima de la media de Llanes (jugoso, contundente y sabroso, a 3 euros); y el cabrales es para quitarse el sombrero (6,5). Adolescentes nerviosas La última vez que gozamos...

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Bar Moby Dick (Ondarroa). Pistas para una visita

Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores. En Gernika visita la Casa de Juntas y asusta a las tortugas que viven en el estanque del Parque de Europa. En Getaria no olvides el ratón, ni tomar un txakoli escanciado cual sidra. Y en Ondarroa date el gustazo de terminar tu visita en el Moby Dick, junto a la playa. En la muy noble y leal villa vizcaína todo plan que se precie debe incluir un paseo por la orilla del río Artibai, admirando la arquitectura, cruzar el susodicho (ya convertido en ría) por el puente que diseñó Calatrava, maldiciendo al arquitecto valenciano por colocar semejante mamotreto en un lugar con encanto, otear el horizonte desde su coqueta playa y tomar un algo en el Moby Dick. Sin pretensiones. Es el lugar idóneo para reponer fuerzas a base de sencillas ensaladas, sus raciones de chorizo, pimientos y demás, macarrones para la chavalería y platos compuestos por pollo, lomo o salchichas acompañadas por más pimientos y patatas fritas. Lo mejor: la ubicación, con su terraza a pie de playa y las consecuentes vistas y brisa, la música ambiente (en mi visita sonaron Jayhawks, Colin James, Lady Daisey…), el salero de la camarera tatuada y las croquetas caseras. (Igor Cubillo) ver ubicación Playa Arrigorri s/n; 48700 Ondarroa (Bizkaia) 94 683 00 18 Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales, Gastronosfera y Kmon. Asimismo, es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor. Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ya han transcurrido casi 30 años desde...

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Restaurante Los Tamarises (Getxo). Un clásico burgués

Conmemoramos el pasado 11-S en la terraza del restaurante Los Tamarises, un clásico de la burguesía bilbaína ubicado en la playa Ereaga, un ‘must’ de muchas señoras mayores. En sus cómodas sillas, rodeados de gente bien, hemos tomado bastantes aperitivos cerveceros y La Txurri y su prima suelen ir a merendar tartas tentadoras y churros bien puestos en las lluviosas tardes de invierno. El 11-S ése, un sábado soleado, como pagaba La Txurri comimos a la carta mientras observábamos las figuras silenciosas y reverberantes de los playeros moviéndose a cámara lenta. A los camareros, elegantes a la antigua usanza, se les notaba la profesionalidad, pero a  alguno le desbordó cierta campechanería, así como queriendo quedar bien para merecerse una propina que no concedimos, claro (para más inri, al de varias horas, al ver la factura nos enteramos de que el agua nos la cobraron dos veces; no reclamamos, por supuesto). De esa primera velada las reminiscencias nos devuelven  a la memoria el gesto de rechazo del blanco de la casa, Mocén Verdejo de Rueda, por considerarlo escaso para nuestro undécimo aniversario. Requerimos Marqués de Riscal (14 + IVA), botella de la que hasta bebió ella y que aprobó el camarero: “Éste no falla”. Él sí falló pues la trajo un tanto caliente y se le escapó un ‘plop’ al sacarle el corcho. La dejó en la cubitera y la empezamos a paladear en una cristalería burda mientras solo yo ingería por inercia un paté suave, convite de la casa. Empezamos en serio compartiendo una ‘degustación del Cantábrico’ (22 + IVA; ahora está a 25 machacantes en la carta), una bandejita de mariscos con pulpo, una selección enterrada bajo un arrecife de coral formado por ajitos troceados y tostados. Los productos estaban fríos (era verano) y eran navajas buenas, almejas grandes pero sosas, berberechos ricos aunque el ajo sofocaba el paladar del comensal, y pulpitos de un milímetro de espesor, el mejor pulpo con sabor a bacón ahumado que he tomado en mi vida. Tras consumir estos entrantes...

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Restaurante La Lonja de Comillas (Comillas). A pesar del servicio del bueno de Jesús

El último día de mis merecidas minivacaciones pre-Semana Santa paseaba de mañana triste por la playa y el puerto de Comillas cuando se me levantó el ánimo al toparnos con La Lonja, bar que luce sus ofertas en el cristal de la puerta de entrada: carta corta, bodega escasa pero muy competitiva, precios con IVA incluido y la garantía de que el producto fuese fresco y marino. El garito recientemente renovado tiene dos pisos y entramos por la terraza superior, donde algunos turistas tomaban el aperitivo. El comedor, con suelo de cemento alisado, mesas y sillas de madera, manteles granates y servilletas blancas -ambos de papel de calidad-, estaba protegido del calor exterior por listones traveseros y permitía vistas a la playa apacible, a los barquitos pesqueros, a los acantilados cantábricos, a la citada terraza… Ahí estuvimos hora y media, compartiendo comedor con una familia que se decantó por el menú del día y padeciendo el servicio distraído y tan lento como el de un mexicano bajo el sol de Jesús, un hombre maduro bien conservado («¡y guapo!», apunta Susana) que parecía funcionario por lo lento y poco eficiente y fuera de lugar. Superado por las circunstancias a pesar de la serenidad imperante, Jesús nos atendió con demasiada demora para agravio de La Txurri: «sabe que vamos a la carta y da prioridad a dos cocacolas en la terraza». A pesar de requerírselo con la amabilidad que me caracteriza, no me trajo el vino solicitado para empezar a libarlo sin prisas (no dudé mi elección: Bracamonte Rueda, verdejo 2010, por 10 euros de nada, levemente ácido, rico y frutal, a buena temperatura que se mantuvo a pesar de que Jesús no lo sirvió en cubitera o similar). Jesús además olvidó traer el agua de ella (Montepinos de medio litro, 1’30 euros, fría; «fría ha de ser, no tengo natural», le aclaró él cuando se la reclamó ella). Aparte, Jesús no nos ofreció medias raciones a pesar de insistirle educadamente («aquí no es costumbre», se justificó, pero se refiriría...

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Restaurante Marisquería Hórreo (Porto do Son). La importancia de llamarse Ernesto, del tamaño del percebe y del punto de la carne

La familia Camino, con una década de hospitalidad, nos ha convertido en enamorados de Porto do Son. Allí, un pequeño puerto asomado a la desembocadura de la ría de Muros y Noia, hemos reído, pescado, nadado, cantado, mariscado, cocinado… Hemos jugado a la petanca con el mueble bar a cuestas… Hemos encallado en una playa…  Hemos sido vecinos veraniegos de ZP… Y allí habíamos comido una sabrosa chuleta de buey de 700 gramos, acompañada de patatas fritas y tres docenas de pimientos de Padrón, por 17 euros. ¿¡Mandé!? En el restaurante El Hórreo. Hace un lustro. El tiempo ha pasado y las cosas han cambiado. A peor. Nuestro regreso al Son tuvo mucho de mágico. Nada más llegar, avistamos delfines junto a La Sagrada, nuestra roca preferida. También comprobamos que la arena de su playa tiene ahora un look caribeño: blanca y salpicada de una especie de brillantina. Espectacular. Y no faltaron ricos irlandeses en el bar Acuario, otro santuario. Pero el regreso a El Hórreo tuvo mucho de decepción. Después de comer media de pulpo, óptima (es un pecado no preparar bien el cefalópodo en la costa gallega), nos sorprendió el reducido tamaño del medio kilo de percebes que solicitamos (a 40 €/Kg). Templados, humeantes y canijos; una pena. Como comer pipas. Y el arroz con bogavante (a 25 €/pax; un 50% más caro que en Santiago) tampoco logró excitarnos. La cazuela para dos personas salió rebosante, como para alimentar a seis, pero el arroz resultó pasado de punto. Y de tinte. Nos costó lo suyo desprender el color amarillo de nuestros dedos, después de empuñar los trozos del descuartizado crustáceo. Corriente y moliente. La botella de Condes de Albarei vino a ratificar que no es el mejor albariño (preferimos Fillaboa, Bouza do Rei…), y en el apartado carnes se derrumbó definitivamente el mito con un chuletón de ternera  (15 €, con patatas fritas y tres tristes pimientos del piquillo -o similares-; el de buey ya cuesta 25€) muy hecho, tirando a seco,...

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