Cervecería Etxeberria (Donostia). Hedonismo, birra y campechanía

Entre bien y de maravilla. Así se siente uno acodado en la barra gobernada por el locuaz Juan José Cano, quien desde 1983 despacha cervezas y sabrosos tentempiés en en este barco pirata de la parte vieja.

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Enea (Getxo). Sencillo, generoso y nada caro

Jun 30, 15 Enea (Getxo). Sencillo, generoso y nada caro

Publicado por en Bilbao, Bizkaia, Destacado, Euskadi

Cuando uno busca el camino de regreso a Kansas en el paseo de baldosas amarillas que une Sopelana y Getxo, o acude a la playa de Aizkorri, puede completar el plan con una parada en este bar cuya oferta, corta y en absoluto pretenciosa, resulta bien sustanciosa.

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Pista: la hamburguesa de cabrales de Carpanta (Getxo)

Sep 26, 14 Pista: la hamburguesa de cabrales de Carpanta (Getxo)

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

El sabor intenso, profundo, del queso manda, pero el conjunto resulta armónico en esta hamburguesa con mucha historia. Especialmente con el dulzor y el crujiente de la cebolla, fría y levemente pochada.

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Pista: Taberna Casa Martana (Zaragoza), un bar para mi barrio

Jun 10, 14 Pista: Taberna Casa Martana (Zaragoza), un bar para mi barrio

Publicado por en Aragón, Destacado, Zaragoza

Un bar de barrio gobernado por la sencillez y los precios populares, pero distinguido por una oferta con ese nosequé de toda la vida que escapa de lo cotidiano. Salazones, embutidos, bocatines, gratinados, raciones al peso…

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Bar Xibero (Errenteria). Esas hamburguesas, algo tienen

May 07, 14 Bar Xibero (Errenteria). Esas hamburguesas, algo tienen

Publicado por en Destacado, Euskadi, Gipuzkoa

(+25 rating, 5 votes)Cargando... Me gusta el Xibero. Algo tiene. No es comodidad, pues el lugar es estrecho y resulta complicado hacerse un sitio en sus pocas y pequeñas mesas. Pero algo tiene, pues cuando caigo en Errenteria (aka Rentería) es habitual que termine allí, cerca del río Oiartzun, a un paso de la Iglesia de la Asunción y de la Casa Consistorial, comiendo una de sus hamburguesas. Acodado en su barra, viendo cómo el personal se afana, al otro lado, con rictus serio y sin concesiones al despiste, en preparar también sandwiches (mixto, cubano, vegetal con setas, pimiento verde y queso…), ensaladas, revueltos (de setas y champis con roquefort, jamón o gambas), un montón de bocatas con buena pinta y platos combinados. De espaldas a la parroquia, donde otros sitúan botellas y cristalería. A la vista, casi al alcance de la mano. Algo tiene, y tampoco son complementos pistonudos. Al menos, yo no he tenido suerte con ellos. Las patatas fritas (3,75 euros), congeladas, totalmente prescindibles. Los aros de cebolla (3,75), sosos sosos. Sosos. Los pinchos morunos (2), de cerdo y sin alma. Me queda por probar rabas, croquetas de jamón, ensaladilla rusa, chipirones a la plancha y nuggets de pollo. Igual hay más suerte. O más tino. Quizá sea la música, pues allí he escuchado Van Morrison, Norah Jones, jazz fácil, surf… Canciones que mejoran la experiencia, desde el plano auditivo y también digestivo. Otros sonidos se me atragantan. Cuando en un refectorio suena reguetón, por ejemplo, me levanto de la mesa, si la comanda no está lanzada, o llamo a la policía, si ya estoy comiendo. Buenas noches, agente, ¿me pone con la brigada antiterrorista instrumental, por favor? Es urgente, me estoy atragantando. Algo tiene Xibero, efectivamente. Y, no se engañen, serán esas hamburguesas que despachan a toda mecha. Son bien grandes y el pan es tipo bollo, familiar de aquel de molde, con sésamo; una pena. Este pan, tan extendido en Gipuzkoa, aporta volumen y facilita la masticación, sí, pero es más graso, en...

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Mojo Club (Getxo). Burgers de Champions

Mar 21, 14 Mojo Club (Getxo). Burgers de Champions

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

(+79 rating, 18 votes)Cargando... La de cambios de decoración y de regencia que he vivido en el ahora denominado Mojo Club. Justo anteriormente se llamaba Noho y se trataba de un pub modernuqui que devastó toda la excelsa decoración del precedente Britannia, un pub inglés barroco copiado de uno isleño de verdad y que tenía una fastuosa cristalera en el techo, maderas cálidas por doquier, una luenga barra que se caga la perra y unos cómodos taburetes tipo trono (sentado en uno de ellos se durmió una noche mi amigo Gabi hablando con el camarero; Gabi, alias Cubatón, jo, jo, jo). En sus buenos tiempos, hace unos diez años, yo acudía al Britannia de mañana y tarde, y a veces de noche. Comía pinchos de bacalao al pil pil, tacos de bonito con vinagreta, bebía vino tinto en una cristalería del copón, y observaba a los burgueses, gente mayor la mayoría. Qué lujo accesible y diario. Lo malo es que ese negocio pretendía abarcar demasiado (desayunos, comidas y copas de noche, con todo lo de en medio, desde el aperitivo matutino a los cafés vespertinos) y no salió para adelante. Ahí hace una década curraban el roquero Jorge Clavo, que ahora toca la batería en Los Fastuosos de la Ribera, y la bacaladera Elisa, una beldad tipo Ava Gardner (pero mejor y más joven), que ahora sabe Dios dónde andará. Y pensando, remontándome en el tiempo, el Mojo antes se llamaba Donato. Joder, eso igual era hace un cuarto de siglo. El caso es que ahora suelo ir al nuevo Mojo Club. A tomar birras, a ver los partidos de Canal Plus (las pantallas de televisión con la nueva regencia son demasiado pequeñas, aviso) y a disfrutar sus burgers (¡sin cubiertos!). Pantalla enana y sin cubiertos, local con una decoración minimalista, esquinada e incómoda, y un horario reducido (tarde-noche; no abren los mediodías ni los findes), pero lo frecuento por la amplitud de sus espacios, la calidad de sus parroquianos (no chillan), su cerveza...

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Casa Urola (Donostia). Entre las mejores barras de Lo Viejo

(+30 rating, 6 votes)Cargando... Dios aprieta, pero no ahoga. Vemos lejano el día en que podamos invitar a nuestra chica al comedor de Casa Urola, donde el cuarentón Pablo Loureiro (miembro de Sukatalde -Asociación de Jóvenes Cocineros de Gipuzkoa-, nacido en el restaurante Rodil y hasta 2012 jefe de cocina del Branka) se ha consolidado compaginando tradición levemente reinventada, sirviéndose de algunas técnicas modernas, y las artes clásicas del asador, de la parrilla. No obstante, siempre que paso por Donostia procuro acercarme a su planta baja para comer algunas de sus propuestas, más económicas a pie de calle. Confieso que su barra es de mis preferidas en Lo Viejo, junto a las del Néstor y La Viña; tres barras cortas, con oferta reducida (nada de 67 preparaciones, entre bocadillos, culto al surimi, chorretones de mayonesa y hordas de franceses realizando imposibles coreografías plato en mano) y sobrada de calidad. Poco y escogido. Un gusto. En el caso que nos ocupa, Casa Urola, me encanta acodarme en el tablón, con aire distraído, y tomar un vino con su pintxo de anchoa ahumada; un lomo rollizo, sápido, regado con sutil vinagreta y acostado sobre pan tostado, que aporta contraste de texturas y evita engullir una base reblandecida por el aceite. Un canto a la sencillez que entono cuando voy con prisa, de ronda o entre horas. Si tengo 56 minutos, prefiero ocupar una mesa en la referida planta baja (en la superior está el comedor formal formal) y regodearme con el surtido de pintxos, tapas y raciones que ofrece, todo a precio ajustado y presentado con buen gusto; una loa al producto, aunque sea en miniatura. Lo suyo es empezar con una ensalada de tomate, bonito, guindilla en pequeños tacos y cebolleta, normalmente generosa en aceite, para rebañar el plato. Si se va a comer más cosas, que es lo aconsejable, media ración (3,50€) basta para que dos personas piquen más que suficiente. Luego, hay una docena de pinchos, y media de raciones (anchoa, gamba blanca,...

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Sukalde Kultura (Donostia). Comida sin tonterías

Ene 07, 14 Sukalde Kultura (Donostia). Comida sin tonterías

Publicado por en Destacado, Donostia-San Sebastián, Gipuzkoa

(+37 rating, 12 votes)Cargando... Hace ya tiempo que nos hemos convertido en habituales de este nuevo bar-restaurante de El Antiguo donostiarra. Pero, por hache o por be, no encontraba el momento para hacerle su merecido homenaje público, como salvavidas de nuestros hambrientos estómagos a 5 minutos de casa. Todo comenzó como lo hacen las historias de amor: de un vistazo rápido. Pasamos por delante de su llamativa puerta, cuando paseábamos, y la duda se cernió sobre nosotros: “este sitio… ¿no era antes diferente? Parece que ha cambiado… A ver, a ver la carta…” (qué peligro tiene eso). De ahí al boca a boca de la gente, que parecía más avispada que nosotros y ya lo había probado: “Pues está muy bien, muy agradable”. Entonces llegó un día, no recuerdo muy bien cuál, pero era un domingo, a la hora de comer, que por un azar del destino decidimos adentrarnos a esa cueva con aspecto tropical de la que tan bien habíamos oído hablar. Empezamos por lo fácil, el aperitivo. Cañas bien echadas (milagro), camareras amables (milagro dos), y pintxos ricos (menos milagro, pero se agradece). Según pasaban los minutos, nuestra curiosidad iba en aumento y decidimos preguntar si había mesa para comer. ¡Bingo! Tuvimos suerte y allá que fuimos, con el cuchillo y tenedor en ristre, para hacer gala de nuestro curtido arte en cortar y masticar. La oferta gastronómica es perfecta para lo que suele ser esta bendita ciudad. Rica, sencilla y muy muy muy asequible. Me dejo un muy por el camino. Su carta es simple, se pueden tomar raciones, pintxos y platos, y  combinar todos, para crear tu comida o cena particular. También hay una solución llamada “Pintxo pack” (8 euros), que incluye tres pintxos salados y uno de postre, que, si la combinas con alguna ración, te apaña la comida. La merluza (tanto el cogote como la merluza al horno) son un absoluto imprescindible, así como la ensalada de ventresca y el revuelto de hongos (en temporada). La tortilla de patatas...

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Bar Restaurante Rotterdam (Bilbao). Espíritu del botxo al pilpil

Ene 02, 14 Bar Restaurante Rotterdam (Bilbao). Espíritu del botxo al pilpil

Publicado por en Bilbao, Bizkaia, Destacado, Euskadi

(+48 rating, 11 votes)Cargando...Conozco a una persona que cada vez que ve a un turista perdido por el Casco Viejo de Bilbao le guía hacia el Bar Rotterdam. Es un restaurante prototípico, especializado en comida sin chorradas: croquetas, pimientos del país, ensaladas, bacalao al pil pil y a la vizcaína, chuletas y postres caseros. Productos de temporada y elaboraciones de la vieja escuela. Todo en diez mesas escasas, con atención y mimo, con chiquiteros a la espalda cantando bilbainadas (todos los jueves sesión fija) y tan típico que parece sacado de una estampa del botxo, de un cuadro de Arrue o del “Paz en la Guerra” de Miguel de Unamuno. Un lugar sin complicaciones y sin precios excesivos, como dios manda… Suelo ir allí siempre que puedo porque, pese a que la crisis ha vaciado los locales, éste la fama la tiene bien ganada y, si no se reserva, es complicado encontrar sitio. El penúltimo día del año mariano del 2013 comí allí muy bien acompañado por la escritora y bloguera de moda, Eider Madariaga, coautora de un libro imprescindible “Mi vida Lejos de mí” y gran, gran, gran amiga. Y también de la bella Ohiane Gbar, amiga en proyecto, estamos trabajando en ellouh, y de sus bellos ojos azules, un océano en el que cualquiera puede naufragar (ya está, ya lo he dicho). Ya saben, afortunado que es uno, aunque en ocasiones no lo parezca. Además de la comida, hubo pote previo en el, viejuno para algunos, Urdiña de la Plaza Nueva, los fabricantes, en mi opinión, uno de los mejores marianitos preparados del Casco Viejo. Así que con los motores bien calientes nos sentamos y nos dejamos aconsejar por Javi, Ana y Arantza. Pedimos croquetas, untuosas, cremosas, grandes en el tamaño y en el sabor. (Reflexión) Siempre que como una buena croqueta, y este es el caso, me quedo sorprendido de cómo, con materias primas tan humildes, puede resultar una plato tan redondo (y no me refiero sólo a la forma, sino...

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La Bodeguilla (Matiena-Abadiño). La mejor morcilla con tomate del Duranguesado y parte del extranjero

Nov 18, 13 La Bodeguilla (Matiena-Abadiño). La mejor morcilla con tomate del Duranguesado y parte del extranjero

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

(+14 rating, 3 votes)Cargando... Rara es la vez que cambio entre semana el tupper de mi madre o, en su defecto, el no muy apetecible comedor del trabajo por ir a comer fuera. Mainly, porque en las afueras del Gran Bilbao la oferta gastronómica merma y, también porque, cuanto menos minutos gaste en comer, antes puedo salir pitando para casa. Pero la semana pasada hicimos una excepción y nos acercamos hasta el vecino Abadiño a probar La Bodeguilla, que tan buena fama le otorgan los compañeros de currelo. El comedor es chiquitajo (de bodega de pueblo, vamos), pero tienen también terraza, por lo que entra bastante gente de una tacada. A la hora que fuimos estaba a tope. Sólo estaba libre nuestra mesa con su clásico cartel metálico de “reservado”. Con eso de que no podíamos enrollarnos mucho, al hacer la reserva ya dijimos que nos fueran preparando una ensaladita de tomate y cebolleta para cada uno, así como morcilla con salsa de tomate de segundo. Sí, tomate con tomate, cierto… pero es que es lo típico de La Bodeguilla. Los must de la casa. La ensalada, muy rica y bien de cantidad. Aunque sí es verdad que, personalmente, eché de menos un tercer ingrediente, por aquello de que tuviera un poco más de gracia el tema. Mientras llegaba el segundo, un platito de morcón hizo más agradable la espera (que no fue nada larga). Yo tuve que cambiar el embutido por medio bocadillo de queso de oveja, lo que no me importó en absoluto. Como siempre digo, si ante una catástrofe apocalíptica hubiera que racionar la comida y me hicieran elegir un único alimento con el que subsistir hasta el fin de los días, sería queso. Casi casi cualquiera me serviría. Enseguida llegó la famosa morcilla con salsa de tomate. Una cosa bárbara. La mejor que recuerdo. Para mojar, remojar y hasta para rechupetear el plato si se te terminaba el pan. Ganas me entraron de pedir un bote para casa de esa salsita espesa con un punto dulzón para hacerme un arroz con...

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Bar Txuntxurro (Irun). Curiosa, cuanto menos, su tortilla de patata

Ago 12, 13 Bar Txuntxurro (Irun). Curiosa, cuanto menos, su tortilla de patata

Publicado por en Destacado, Euskadi, Gipuzkoa

(+31 rating, 7 votes)Cargando... Cómo nos gusta la tortilla de patata. Hay que ver. La mejor es la de mi ama, claro, pero fuera de casa me empeño en comerla con café solo, antes del mediodía, o con un crianza, cuando no me quedan legañas, y sé lo que cuesta dar con una realmente buena en los bares. Y aun más en los de Donostialdea que en los del Gran Bilbao. De hecho, ni siquiera soy fan fatal de la tortilla del Txuntxurro, en Irun, una de las más reputadas de la provincia, que descubrí por indicación del escritor y cantautor local Jabier Muguruza. “Los mejores pinchos de tortilla de patata de Gipuzkoa, ejem, ejem. Pregunta a los músicos de Kiko Veneno. Todo está bueno, y es buena gente”; esto me dijo, hace ya casi ocho años. Pues bien, ya la he probado tres veces y, lo dicho, no me enloquece, aunque la como a gusto, conste. Y animo a hacer lo mismo. En mi visión desapasionada tendrá mucho que ver, supongo, la decepción de mi primera visita al bar de Juan José Otero. Esa mañana entré al local rebosante de ilusión, pedí café y cogí por mi cuenta un pintxo de la barra: la tortilla, cortada en rectángulos y cuadrados, se disponía sobre grueso pan. El pincho que me tocó en suerte era pequeño, más bien, no muy aparente y estaba frío. Pasó sin pena ni gloria. Lástima. Y, para mayor escarnio, fui testigo de cómo a una señora le servían tres mucho más lustrosos, sacados directamente de la cocina. En apariencia, simplemente porque se los pidió al camarero, en vez de servirse ella misma. No obstante, no me rendí. ¿Por qué me lo recomendó, si no, mi apreciado Muguruza? ¿Por qué un cuadro recuerda su condición de finalista del campeonato de tortilla de patata del congreso Lo Mejor de la Gastronomía (donde recibió el premio del jurado, por cierto)? ¿Por qué David de Jorge le concedió el reconocimiento a la mejor tortilla...

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Doctor Livingstone (Donostia). La peor ración de mi vida

Jun 10, 13 Doctor Livingstone (Donostia). La peor ración de mi vida

Publicado por en Destacado, Euskadi, Gipuzkoa

No, no puedo decir que me he embarcado en el viaje antropológico por la cocina del Caribe que propone el mercado de Bazurto, en Cartagena de Indias. Por poner sólo un ejemplo. Pero, si de lo que se trata es de provocar repulsión, recuerdo una cazuela de champiñones en salsa que me sirvieron recientemente en el bar-restaurante Doctor Livingstone, en el flamante barrio donostiarra de Riberas de Loiola. Fui a parar allí al reclamo de su decoración aventurera, alabada en ciertos foros (de hecho, creo que el local se promociona como el único en Gipuzkoa con decoración colonial africana), y también porque frente a su puerta hay un parque infantil que permite dejar a las fieras a su aire. A lo que iba: indescriptible lo que se sirvió como “txampiñones en salsa”. Trocitos de hongo sumergidos en una masa viscosa y grasienta de apariencia malsana, como una mezcla de miga de pan, grasa y agua de la fregona, y ninguna virtud culinaria. Se probó y quedó en el recipiente. Carne de desagüe, de vertedero. Tal detalle no preocupó al encargado del local, que retiró la cazuela y su contenido sin mueca de extrañeza, ni curiosidad alguna. Pasó en canoa de la clientela el cabecilla de un servicio descoordinado e irritado, en apariencia. Desbordado, quizá. A disgusto. En particular el susodicho encargado, con actitud rayana con la chulería. Los txampis fueron quizá el mayor despropósito en una comanda que calificaría entre mala y nefasta. No volvería a comer sus patatas congeladas con una salsa de hongos que, al enfriarse, mostraba todas sus carencias; ni su hamburguesa, pues particularmente no me gustan con pan de bollo y huevo cocido (cuestión de gustos, sí); ni sus platos combinados, pues el huevo frito apenas tenía unas gotas que untar y su fondo estaba ennegrecido; ni su aparente ensalada de langostinos y txipirones, pues nuestra amable anfitriona ni siquiera se comió los cefalópodos. Pero, ¿saben? Después de todo, eso no fue lo que más me molestó. El colmo (además...

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